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Línea 41.

18 julio, 2010

Escena 1 – Interior Colectivo – Noche.

El colectivo lleva pocos pasajeros, a un lado y otro asientos vacíos acompañan a los viajantes en su regreso a casa, hace frío y los vidrios húmedos amenazan con empañarse, el traqueteo hace que las ventanas golpeen contra los marcos generando una cadencia sonora que parece no tener fin.
La puerta delantera se abre y dos nuevos pasajeros se suman, primero ELLA, en sus treinta años, rubia, de altura promedio, vestida informalmente, pero con la elegancia necesaria para un día de trabajo, detrás ÉL, 30 años, alto, con su pelo negro pegado a la cabeza como si el día recién empezara, un pesado sobretodo gris cubre su traje oscuro y en su mano lleva un aparatoso maletín también oscuro. Sacan el boleto y se dirigen hacia el fondo del coche.

ÉL

Dale Corrientes, metele que ahí atrás hay dos asientos vacíos.

Ella apura el paso y se sienta en la última fila de asientos, se acomoda y mueve la pierna para que su compañero pueda pasar al asiento que está a su lado.

ÉL

Ahí está, a ver…, dejame pasar.

Toma asiento y acomoda el sobretodo para no quedar sentado encima. En un mismo movimiento pone su portafolio entre sus piernas y saca del bolsillo del saco un celular que tiene una pantalla particularmente grande.

Apoya sus codos en las rodillas de manera de quedar encima del aparato y comienza a escribir un mensaje de texto. Su compañera mira el teléfono y mueve la cabeza.

CORRIENTES

(Con la clara tonada de los correntinos).

Qué fea pantalla tiene su celular.

Él escribe un número de teléfono en su aparato.

ÉL

Ahá…

CORRIENTES

¿Por qué es tan feo tu celular?

Lo mira como si fuera la primera vez que lo tiene entre sus manos, lo gira, lo da vuelta y continúa con sus mensajes de texto.

ÉL

No sé.

CORRIENTES

¿Cuándo te vas de viaje?

Él sigue inmerso en sus mensajes de texto y parece ajeno a toda la situación que lo rodea, casi como ausente.

ÉL

El 7 de julio.

CORRIENTES

Y qué me vas a traer.

ÉL

Nada.

CORRIENTES

¿Cómo nada? Antes de volver a la oficina pasás por lo de tu suegra y le sacás todo y me lo traés a mí, entendiste.

ÉL

Pará boluda, no te hagás la viva eh…

CORRIENTES

Ay, mirá como te ponés…, tarado.

Mira hacia fuera del colectivo, e intenta adivinar lo que las gotas de humedad y la fina lluvia sobre el vidrio esconden.

CORRIENTES

Acordate que cuando volvés es mi cumpleaños.

ÉL

Tranquila chiquita, no pasa nada.

CORRIENTES

Vos seguí jodiendo eh…

Finalmente guarda el celular, abre su maletín, saca un cuaderno, lo hojea, mira en detenimiento unas anotaciones en birome, lo cierra y busca otro dentro de su maletín, lo toma y lo retira para ponerlo sobre sus piernas.
Corrientes lo mira de reojo, intentando disimular la curiosidad que la domina.

CORRIENTES

¿Cuántos cuadernos tenés?

ÉL

Dos.

Una de las hojas tiene un número de teléfono anotado en rojo, saca su celular nuevamente y lo anota.

CORRIENTES

¿Y por qué tenés dos?

ÉL

Uno mío, y uno de Paola, la de contabilidad.

CORRIENTES

Ah..

ÉL

Sí.

Corrientes se acomoda en su asiento, su mirada está fija en el pasillo del colectivo, ve pero no mira. Completamente abstraída juega con los flecos de su bufanda.

CORRIENTES

El sábado tengo el casamiento de una amiga.

ÉL

¿Está buena?

CORRIENTES

No sé qué ponerme.

Él estira sus largas piernas que casi quedan colgando del escalón sobre el que se encuentra la última fila de 5 asientos. Mete el celular en su bolsillo y se levanta el cuello del sobretodo.

ÉL

¿Querés que le pida un vestido a la bruja?

Corrientes ensaya una sonrisa forzada y lo mira con sorna.

CORRIENTES

Ja ja, muy gracioso, igual no creo que me sirvan, debe ser más rellenita ella.

ÉL

Te imaginás, la agarro y le digo: “che necesito un vestido para Corrientes”.
Ahora está gorda, cuando la conocí pesaba 45 kilos, era anoréxica, la mina no comía nada. Pero cuando la agarré yo le dije que me gustaban gorditas y ahora pesa como 10 kilos más la guacha, pobrecita, se le rompen los pantalones.

Sonríe y le da unas palmadas en el muslo para terminar agradándole la rodilla. Ella deja escapar una sonrisa y lo golpéa cómplice con el hombro.

ÉL

Posta te digo boluda, nunca vi una mina que tenga tanta ropa…, en mi vida. Tiene tres placares llenos de porquerías, no sé de dónde saca tanta ropa…

Su mano nuevamente se mete en el bolsillo del saco de donde extrae el celular y marca apresuradamente un número. El pie derecho va y viene en un claro signo de impaciencia. Se lo acerca para hablar.

ÉL

Hola, dónde estás.

Mientras mantiene la conversación mueve su cabeza a uno y otro lado como acompañando el ritmo de la charla.

ÉL
Ah…, en la oficina todavía…
Nada, quería ver si llegábamos al súper.
No nena, qué pedido, si me voy 20 días de viaje no voy a hacer ningún pedido, cosas para ahora decía yo…
Ah…, tiene teatro ella…cierto.
Y decime una cosita, no podrás faltar hoy a teatro, digo, me parece que tenemos muchas cosas para arreglar…, tenemos que ver cómo volvemos, lo del los vuelos y eso. Digo no…, me parece que podrías faltar no.
¿No? Porque si vos ahora te vas al teatro, venís a casa a las 11, te ponés a cocinar, hasta las 12 no comemos y si nos ponemos a charlar después termino acostándome a las 2 de la mañana y mañana no me levanto…, no me levanto. Estoy liquidado entendés.

La charla que fue incrementando el volumen desde su inicio se interrumpe menos de dos segundos.

Sabés qué…, deja querida, yo voy al súper, dejá vos no te preocupes eh, yo me encargo, dale, dale, no hay drama, dale. Vos hacé lo tuyo, te dejo un beso, nos vemos en casa.

Guarda el aparato y con él deja atrás toda la tensión de la conversación. Mira a Corrientes que mueve la cabeza como inquiriéndolo acerca de la charla.

ÉL

No sé para qué sigue con esa historieta del teatro si es malísima, todos son malísimos, el mes pasado tuve que ir a ver un obra que hicieron, no te imaginás qué porquería…

A su lado un hombre de unos veintitantos años escribe en una pequeña libreta, en ella se ven extractos de la conversación entre el pasajero y Corrientes, la guarda en su bolso y hecha una última mirada cargada de preguntas a la pareja. Toca el timbre y desciende del colectivo.

Es lunes en Buenos Aires, la tenue lluvia nocturna platina las calles y entre gentes que van y vienen se pierde el pasajero con su libreta y sus historias.

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